Revista Hollimodels Mayo 2020 Edición Famosos en portada Nisa Sofiya Aksongur

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LA EXITOSA CARRERA DE NISA SOFIYA, LA ACTRIZ DE 9 AÑOS QUE EMOCIONA EN “MILAGRO EN LA CELDA 7”


La producción turca fue estrenada el año pasado, pero se ha convertido en todo un éxito en Netflix durante estas semanas de cuarentena por el coronavirus.

“Milagro en la celda 7” es una conmovedora película turca estrenada en 2019 que muestra a Memo (Aras Bulut Iynemli), un padre con discapacidad intelectual que vive con su hija de 6 años, Ova (Nisa Sofiya Aksongur), y su abuela.

Su vida da un giro cuando es acusado injustamente de matar a la hija de un militar. Allí, su pequeña hará hasta lo imposible por devolverle la libertad a su papá.

Y justamente ha sido esta novel actriz que se ha robado el corazón de todos y ha causado sensación entre todos quienes han visto la película.

Para quienes no la conocen, Nisa Sofiya Aksongur nació en Turquía en 2011, y a pesar de su corta edad cuenta con una exitosa carrera con títulos que se extienden por series de televisión hasta un par de películas.

De hecho, “Milagro en la celda 7” es el penúltimo proyecto que ha realizado.

Su incursión en el mundo de la televisión y el cine comenzó en la serie romántica de 2016, “Adini sen koy”. En ella interpretó a un personaje que llevó su nombre real. En el mismo año interpretó a la pequeña Hanzade en “Muhtesem Yüzyil: Kösem”, serie de corte drama-histórico en donde tuvo mayor presencia y grabó 18 episodios.

Luego de esta experiencia en televisión, fue llamada al año siguiente para su primera película: “Locman”.

Ya entre 2018 y 2019 dedicó su tiempo a dos series: “Aglama anne” y “Kuzgun”; pero finalmente fue en “Milagro en la celda 7” que la pequeña Nisa logró fama internacional al interpretar el emotivo papel de Ova.

Al menos en el nivel interpretativo, eso sí, la actriz de 9 años ya dio vuelta la página: actualmente forma parte del casting de la serie turca “Yeni Hayat”, que tuvo como fecha de lanzamiento el pasado 26 de marzo.


10 claves para educar a tu hijo

Educar es una de las tareas más difíciles a las que nos enfrentamos los padres. Y, aunque no existen fórmulas mágicas, sí hay algunas cuestiones clave que tenemos que manejar con soltura. Nunca es pronto para comenzar a educarle. Estas son las reglas básicas para conseguir que tu hijo crezca feliz.

  1. Un ejemplo vale más que mil sermones

Desde muy pequeños los niños tienden a imitar todas nuestras conductas, buenas y malas.
Podemos aprovechar las costumbres cotidianas -como saludar, comportarnos en la mesa, respetar las normas al conducir- para que adquieran hábitos correctos y, poco a poco, tomen responsabilidades.
De nada sirve sermonearle siempre con la misma historia si sus padres no hacen lo que le piden.

  1. Comunicación, diálogo, comprensión
    Las palabras, los gestos, las miradas y las expresiones que utilizamos nos sirven para conocernos mejor y expresar todo aquello que sentimos. Por eso, incluso durante el embarazo, hay que hablar al bebé.
    Debemos continuar siempre con la comunicación. Hablarle mucho, sin prisas, contarle cuentos y también dejar que él sea quien nos los cuente.
    ¿Has probado a hacerle una pregunta que empiece con «Qué piensas tú sobre…»? Así le demostramos que nos interesa su opinión y él se sentirá querido y escuchado.
  2. Límites y disciplina, sin amenazas
    Hay que enseñarle a separar los sentimientos de la acción. Las normas deben ser claras y coherentes e ir acompañadas de explicaciones lógicas.
    Tienen que saber lo que ocurre si no hace lo que le pedimos. Por ejemplo, debemos dejarle claro que después de jugar tiene que recoger sus juguetes.
    Es importante que el niño -y también nosotros- comprenda que sus sentimientos no son el problema, pero sí las malas conductas. Y ante ellas siempre hay que fijar límites, porque hay zonas negociables y otras que no lo son. Si se niega a ir al colegio, tenemos que reconocerle lo molesto que es a veces madrugar y decirle que nosotros también lo hacemos.
  3. Dejarle experimentar aunque se equivoque
    La mejor manera para que los niños exploren el mundo es permitirles que ellos mismos experimenten las cosas. Y si se equivocan, nosotros tenemos que estar ahí para cuidar de ellos física y emocionalmente, pero con límites.
    La sobreprotección a veces nos protege a los padres de ciertos miedos, pero no a nuestro hijo. Si cada vez que se cae o se da un golpe, por pequeño que sea, corremos alarmados a auxiliarle, estaremos animándole a la queja y acostumbrándole al consuelo continuo. Tenemos que dejarles correr riesgos.
  4. No comparar ni descalificar
    Hay que eliminar frases como «aprende de tu hermano», «¿Cuándo vas a llegar a ser tan responsable como tu prima?» o «eres tan quejica como ese niño del parque».
    No conviene generalizar y debemos prescindir de expresiones como «siempre estás pegando a tu hermana» o «nunca haces caso».
    Seguro que hace muchas cosas bien, aunque últimamente se esté comportando como un verdadero «trasto». Cada niño es único, no todos actúan al mismo ritmo y de la misma manera.
    Frases como «tú puedes nadar igual de bien que tu hermano, inténtalo. Ya lo verás» transforman su malestar en una sonrisa y le animan a conseguir sus metas.
  5. Compartir nuestras experiencias con otros padres
    Puede sernos muy útil. Así, vivir una etapa de rebeldía de nuestro hijo, algo muy frecuente a determinadas edades, puede dejar de ser una fuente de angustia tremenda y convertirse, simplemente, en una fase dura pero pasajera. Frases como «no te preocupes, a mi hijo le ocurría lo mismo», pueden ayudarnos a relativizar los «problemas» y, por tanto, conseguir que nos sintamos mejor y actuemos más tranquilos.
    Si estamos desorientados, preocupados o no sabemos cómo actuar, siempre podemos consultarlo con un profesional. No tenemos nada que perder.
  6. Hay que reconocer nuestras equivocaciones
    Tenemos derecho a equivocarnos y eso no significa que seamos malos padres. Lo importante es reconocer los errores y utilizarlos como fuente de aprendizaje.
    Una frase sencilla como «perdona cariño, refuerza su buen comportamiento y nos ayuda a sentirnos bien.
  7. Reforzar las cosas buenas
    Está comprobado que los refuerzos positivos gestos de cariño, estímulos, recompensas resultan más eficaces a la hora de educar que los castigos. Por eso siempre debemos darle apoyo afectivo y dejar que sea él el que, según su capacidad, resuelva los problemas.
    Los niños son muy sensibles y los calificativos como «tonto» o «malo» les hacen mucho daño y pueden afectar de modo negativo a la valoración que tienen de ellos mismos.
    Debemos ser generosos con todo aquello que les hace sentirse valiosos y queridos. Si le premiamos con caricias, abrazos o palabras como «guapo» o «listo», estamos construyendo una buena autoestima.
    Tan importante como rectificar sus malas conductas es reconocer y reforzar las buenas.
  8. No hay que pretender ser sus amigos
    Aunque siempre conviene fomentar un clima de cercanía y confianza, eso no significa que debamos ser sus mejores amigos.
    Mientras que entre los niños el trato es de igual a igual, nosotros, como padres y educadores, estamos situados en un escalón superior. Desde allí les ofrecemos nuestros cuidados, experiencia, protección… pero también nuestras normas.
    Buscar su aprobación continua para todo puede ser un arma de doble filo, ya que la amistad también es admiración y confianza y le resultará muy difícil confiar en nosotros si no sabemos imponernos.
    Un buen padre no es aquel que cede de modo continuo y no enseña.
  9. Ellos también tienen emociones
    A veces pensamos que solo nosotros nos sentimos contrariados y que los niños tienen que estar todo el día felices. Pero también tienen preocupaciones.
    Su mundo emocional es igual o más complejo que el nuestro, por eso conviene dar importancia a sus emociones y ser conscientes de ellas. Debemos ayudar a nuestro hijo a poner nombre y apellido a lo que experimenta y siente.

Qué aprenden los niños con 8 años

Los niños cuando tienen 8 años entran en una etapa de desarrollo donde la amistad y el descubrimiento del entorno son los protagonistas, por esto en esta etapa a los niños y niñas de 8 años les encanta jugar con sus amigos, ‘hacer experimentos’, descubrir cosas en la naturaleza, plantar plantas en el huerto de casa, etc.

A esta edad los pequeños de 8 años disfrutan resolviendo problemas de forma independiente sin necesidad del adulto, su capacidad de concentración es mucho más elevada que en edades anteriores y por eso son capaces de usar sus propios recursos antes de buscar ayuda del adulto o de algún compañero. En esta etapa tienen un pensamiento mucho más desarrollado y por eso son capaces de resolver problemas y ser más creativos por sí solos. Pero esto sólo acaba de comenzar, porque, ¿qué más cosas aprenden los niños con 8 años?

9 cosas que aprenden los niños con 8 años

  1. Los niños con 8 años establecen una buena lectura y son capaces de disfrutar de ella y aprender cosas nuevas.
  2. La escritura sigue desarrollándose y cada vez tienen mejores estrategias lo que le ayudará a mejorar mucho en la escuela.
  3. La comprensión mejora notablemente en la lectura y en las conversaciones con los demás, son capaces de aplicar y aprender nuevo vocabulario con el que comprender textos y conversaciones, así como para comunicarse mejor.
  4. Son capaces de escoger la lectura u otras aficiones en base a sus intereses y gustos personales.
  5. Son capaces de contar y entender hasta el millar, saben sumar y restar y son capaces de empezar con buenas habilidades para la multiplicación. Los problemas simples empiezan a ser fáciles para ellos.
  6. Las etapas motoras se acercan a la etapa de madurez y permiten a algunos niños que sean capaces de realizar deportes tradicionales. Su capacidad para el deporte le hará interesarse más o menos en el deporte en el futuro.
  7. A esta edad los niños disfrutan compartiendo sus conocimientos y experiencias con los demás, les gusta compartir su punto de vista para poder aprender más y más. Son capaces de mostrar sus emociones en respuesta al entorno.
  8. Son capaces de entender las emociones, qué significan y usarlas dependiendo de las situaciones que deban afrontar en un momento u otro.
  9. A esta edad aún dependen de la seguridad del adulto para poder sentirse en equilibrio y armonía con el entorno, aunque quieren mostrar su independencia y su capacidad de pensamiento único, al mismo tiempo necesitan la seguridad del adulto para estar bien emocionalmente y sentirse equilibrados, sobre todo en las situaciones en las que se sientan ansiosos o con estrés.

A estas edades es necesario que los padres potencien las actividades en grupo para que los niños tengan la oportunidad de interactuar con otros iguales. Asimismo, también resulta importante que se les motive a participar en actividades extraescolares acordes a sus gustos e intereses para poder descubrir sus talentos y así potenciarlos (pero sin saturarles la agenda, ya que son niños y deben tener tiempo suficiente cada día para jugar y descubrir por su cuenta).

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